Aristas del pensamiento martiano sobre la agricultura

Sin dar por cerrado el tema dada la profundidad y amplitud de la obra martiana, las claves de su visión de la agricultura y su enseñanza se   sintetizan en los ejes siguientes: agricultura-educación-política; enseñanza práctica de la agricultura; procesos de formación –innovación tecnológica-extensión agraria y previsión-sostenibilidad.

Agricultura -educación-política.

Esta es una de las aristas que esclarece la importancia de la agricultura para nuestros pueblos de América, máxime en estos tiempos de crisis económica, financiera, alimentaria y ambiental. En Cuba se vive un proceso de acercamiento de la agricultura a las ciudades desde una perspectiva agroecológica en el desarrollo de la Agricultura urbana y Sub urbana, así como la entrega de tierras ociosas y el perfeccionamiento de la actividad relacionada con la producción de alimentos que se expresa en los Lineamientos para el desarrollo económico y social del Partido y la Revolución.

En esta dirección se prioriza la formación de fuerza calificada para la actividad agrícola y se realizan ingentes esfuerzos para la formación de docentes en la especialidad agropecuaria.

No se concibe un educador ambiental que no esté en permanente contacto con los avances que se producen en la tecnología y la innovación en esta esfera, no se concibe tampoco una escuela de agricultura desvinculada del contexto, de los agricultores de avanzada en los diferentes escenarios productivos, del Movimiento Agroecológico de Campesino a Campesino. Tampoco se concibe una escuela de agricultura que no produzca alimentos, que son la base de la formación profesional.

La obra martiana es prolija en el sustento de la necesidad de la preparación del hombre para la vida:

La educación ha de ir a donde va la vida. Es insensato que la educación ocupe el único tiempo de preparación que tiene el hombre, en no prepararlo. La educación ha de dar los medios de resolver los problemas que la vida ha de presentar. Los grandes problemas humanos son: la conservación de la existencia, — y el logro de los medios de hacerla grata y pacífica.[1]

Muy vigentes son sus palabras cuando se actualiza el modelo económico cubano:

“A valerse de sí , y a emplearse de trabajos de que haya demanda, deben aprender, para su bien y el de su patria, los hombres todos; y lo demás es sabiduría de índice y nomenclatura que no levanta una paja del suelo, ni produce más que pedantes científicos, como la de antes produjo pedantes teólogos” (Martí J., 1890)[2]

Y profundiza en la urgencia del cultivo de la tierra para la solución de los problemas de Cuba:

“Ancha es la tierra en Cuba inculta, y clara es la justicia de abrirla a quien la emplee, y esquivarla de quien no la haya de usar; y con buen sistema de tierras, fácil en la iniciación de un país sobrante, Cuba tendrá casa para mucho hombre bueno, equilibrio para los problemas sociales, y raíz para una República que, por más que de disputas y de nombres, debe ser de empresa y de trabajo. ” (Martí J., 1983)[3]

En los pueblos que han de vivir de la agricultura, los Gobiernos tienen el deber de enseñar preferentemente el cultivo de los campos. Se está cometiendo en el sistema de educación en la América Latina un error gravísimo: en pueblos que viven casi por completo de los productos del campo, se educa exclusivamente a los hombres para la vida urbana, y no se les prepara para la vida campesina.

Y como la vida urbana sólo existe a expensas y por virtud de la campestre, y de traficar en sus productos, resulta que con el actual sistema de educación se está creando un gran ejército de desocupados y desesperados; se está poniendo una cabeza de gigante a un cuerpo de hormiga. Y cada día, con la educación puramente literaria que viene dando en nuestros países, se añade a la cabeza, y se quita al cuerpo.

Por todas esas razones decimos que, como cuanto se tiene aprendido se está ensayando en agricultura va a estar expuesto durante tiempo suficiente para estudiarlo en la Exhibición de New Orleans, nada sería más acertado que aprovechar esta ocasión para que vinieran a aumentar sus conocimientos los escasísimos maestros agrícolas a que en nuestras tierras se está dando empleo, y a prepararse o adiestrarse los cuerpos nuevos de profesores de agricultura que en todos nuestros países urge crear.[4]

La relación de la agricultura con la instrucción se trata en toda su profundidad, marcada además por la potencialidad de la agricultura para la educación en valores y para enseñar a gobernar a los pueblos.

Y como nuestras tierras fueron por la naturaleza tan ricamente dotadas; como tenemos en todas partes a la mano este agente infatigable de producción, al progreso agrícola, deben enderezarse todos los esfuerzos, todos los decretos a favorecerlo, todos los brazos a procurarlo, todas las inteligencias a prestarle ayuda. El mejor ciudadano es el que cultiva una extensión mayor de tierra.

La Instrucción acaba lo que la Agricultura empieza. La Agricultura es imperfecta sin el auxilio de la Instrucción. La Instrucción da medios para conocer el cultivo, acrecerlo, perfeccionarlo; prepara un fuerte régimen político, totalmente imposible sin ella, porque el régimen de las voluntades no puede existir allí donde las voluntades no existen: y no existen útilmente, en tanto que no existen inteligentemente. La instrucción abriendo a los hombres vastos caminos desconocidos, les inspira el deseo de entrar por ellos. ¿Cómo se podrá elegir el mejor arado, si no se conocen las diversas clases de arado? ¿Cómo se podrá reformar la tierra, si no se conoce la naturaleza de la tierra? ¿Cómo se podrá reclamar un derecho si no se sabe definir su esencia? ¿Cómo se podrá hacer todo esto, y sentirse hombre y decirse que se lo es, si no se sabe leer y escribir? Nada garantiza tanto los sentimientos liberales del Gobierno actual, como la prisa que demuestra por difundir la instrucción.

No teme a los gobernados quien les enseña la manera de gobernar bien.

Procesos de formación –innovación tecnológica-extensión agraria.

Advierte contra la rutina pedagógica dada por la falta de creatividad de los docentes y estudiantes mediadas por la actividad práctica agrícola, la dicotomía entre lo afectivo y lo cognitivo y la significatividad del aprendizaje. Martí enfatiza en el papel del hombre como parte de la naturaleza, a la que no debe agredir con sus acciones. Expresa el vínculo de la creatividad con la ética de respeto a la naturaleza adelantándose a las concepciones bioéticas actuales. Plantea además la necesidad de que los maestros desarrollen acciones extensionistas con los agricultores para elevarles el espíritu, incorporarlos a la sociedad con conocimientos acerca del gobierno y contribuir a que mejoren su relación con la tierra que cultivan. Martí se posiciona en contra de la agricultura “de aula”, “de papel” y por extensión a la agricultura “digital” y todas las variantes que nieguen la práctica como base y fin del conocimiento,   que tanto laceran la formación de los estudiantes de agricultura y todos los relacionados con ella.  

“La enseñanza de la agricultura es aún más urgente; pero no en escuelas técnicas, sino en estaciones de cultivo; donde no se describan las partes del arado sino delante de él y manejándolo; y no se explique en fórmula sobre la pizarra la composición de los terrenos, sino en las capas mismas de tierra; y no se entibie la atención de los alumnos con meras reglas técnicas de cultivo, rígidas como las letras de plomo con que se han impreso, lino que se les entretenga con las curiosidades, deseos, sorpresas y experiencias, que son sabroso pago y animado premio de los que se dedican por sí mismo a la agricultura.

Quien quiera pueblo, ha de habituar a los hombres a crear.

Y quien crea, se respeta y se ve como una fuerza de la Naturaleza, a la que atentar o privar de su albedrío fuera ilícito. [5]

Hace notar la necesidad de la actualización tecnológica y su contextualización, mediante la introducción de las mejores prácticas agrícolas así como su vínculo con la formación de profesionales, enfatizando en la labor extensionista de las Escuelas de Agricultura, muy interesante es su idea, recurrente en varios de sus artículos acerca de la previsión, válida para cualquier esfera de la actividad humana. Pone de relieve la necesidad de que los agricultores no apliquen mecánicamente los conocimientos, dada la diversidad de condiciones que caracterizan la actividad agrícola.

Nuestras tierras feracísimas, ricas en todo género de cultivo, dan poco fruto y menos de lo que debían por los sistemas rutinarios y añejos de arar, sembrar y recoger que aún privan en nuestros países y por el uso de instrumentos ruines.

Surge de esto una necesidad inmediata: hay que introducir en nuestras tierras los instrumentos nuevos; hay que enseñar a nuestros agricultores los métodos probados con que en los mismos frutos logran los de otros pueblos resultados pasmosos.

Pero ya lo dijimos: aun cuando los instrumentos vayan, no van con ellos las nuevas prácticas agrícolas que los hacen fecundos. Esto no se aprende o se aprende mal, en libros. Esto no puede exhibirse en las Exposiciones. Esto, sólo en parte, y con grandísimo dispendio, podría enseñarse en las Escuelas de Agricultura. Hay que venir a aprender esto donde está en pleno ejercicio y curso práctico.[6]

[…] En abono, como en todo, la superstición acarrea males. No hay que creer que todo abono que se recomienda es bueno, porque cada puñado de tierra tiene su constitución propia, y acaso lo que conviene a la Martinica, no estará bien en la Isla de Trinidad. [7]

Previsión -sostenibilidad.

La práctica de la agricultura demuestra con sistemática tozudez que la falta de previsión es causante de muchos males, la agricultura por su dinamismo, exige de prever diferentes variantes, como en un juego de ajedrez, frente a la diversidad de escenarios que puedan presentarse para dar la respuesta oportuna. Muy interesante es su criterio acerca del consumo responsable y su relación con la sostenibilidad que resultan adelantados y coherentes con criterios como el de Ramón de La Sagra

En agricultura, como en todo, preparar bien ahorra tiempo, desengaño y riesgos. La verdadera medicina no es la que cura, sino la que precave: la Higiene es la verdadera medicina. […][8]

Se vive de la agricultura; la escasísima agricultura de México en nada progresa: cigarra imprevisora, a menudo sorpréndela el invierno, y extenúanla hambre y desnudez: trabaja lo diario: ¿qué hará cuando lo diario falte? Consúmese sobre esta tierra mucho más de lo que la tierra produce-única riqueza real: ¿qué compensa este exceso de consumo? [9]

Fuerza es, pues, prevenir la situación peligrosísima que se adelanta, y para que la producción baste al consumo, ir pensando que este equilibrio es necesario, que esta armonía no puede alterarse, que esta riqueza existe siempre, que la tierra produce sin cesar.

Si los que en ella viven quieren librarse de miseria, cultívenla de modo que en todas épocas produzca más de lo necesario para vivir: así se basta a lo imprescindible, se previene lo fortuito, y, cuando lo fortuito no viene, se comienza el ahorro productivo que desarrolla la verdadera riqueza. Siempre vive el vivo, y siempre produce y fructifica la generosa madre tierra Fluctúa y vacila el crédito, y síguelo en sus decaimientos el comercio: la tierra nunca decae, ni niega sus frutos, ni resiste el arado, ni perece: la única riqueza inacabable de un país consiste en igualar su producción agrícola a su consumo. Lo permanente bastar; a lo permanente. Ande la industria perezosa: la tierra producirá lo necesario. Debilítese en los puertos el comercio: la tierra continuará abriéndose en frutos. Esta es la armonía cierta. Esta es previsión sensata, fundada en un equilibrio inquebrantable. (Martí J., 1875)[10]

La gente de peso y previsión de esos países nuestros ha de trabajar sin descanso por el establecimiento inmediato de estaciones prácticas de agricultura y de un cuerpo de maestros viajeros que vayan por los campos enseñando a los labriegos y aldeanos las cosas de alma, gobierno y tierra que necesitan saber.[11]

En esta línea de pensamiento se observa que Martí coincide con las ideas de Ramón de La Sagra:

Al período actual de madurez de la humanidad, enriquecida con las conquistas de la ciencia, e iluminada en sus empresas, por el sentimiento moral, corresponde la grande y trascendental de explotar la superficie del planeta que habita, del modo más útil y conveniente, no solo para la generación presente, sino también para las generaciones venideras, lo cual no se conseguirá jamás, si no se subordinan los intereses individuales, efímeros y transitorios a los intereses generales y eternos de la humanidad entera.[12]

Estas ideas deben materializarse en la formación agropecuaria del educador ambiental con una visión transformadora de la realidad basada en la participación y el protagonismo, tanto de los que se forman como educadores ambientales, docentes, como los que se forman como técnicos u obreros calificados, por tanto el pensamiento martiano es una guía para la acción constante, una herramienta para la sistematización permanente de la formación ambiental.

[1] Martí, José “Fragmentos”, O. C. tomo 22, p. 308

[2] Martí, José “Carta de los Estados Unidos”, El Partido Liberal, México, 20 y 21 de junio de 1890; Otras Crónicas de Nueva York, 2da edición , Ed. Ciencias Sociales , 1983, p.142

[3] Martí, José. “El Partido Revolucionario a Cuba”. Patria, Nueva York, 27 de mayo de 1893. O.C. Tomo 2 p. 346)

[4] Martí, J. (1884). “La próxima Exposición de New Orleans. A los gobiernos, municipios, Escuelas de Agricultura y hacendados de la América Latina”. La América, Nueva York, mayo de 1884, La Habana: 1975, 2da ed.Ciencias Sociales, O.C. tomo 8, p. 369

[5] Martí, J. (1884). “Escuela de Artes y Oficios de Honduras. Necesidad de escuelas y estaciones agrícolas y de maestros ambulantes”. La América, Nueva York, junio de 1884, La Habana: 1975, 2da ed.Ciencias Sociales, O.C. tomo 8, p.15

[6] Martí, J. (1881). “Aprender en las Haciendas” . La América, Nueva York, junio de 1881, La Habana: 1975, 2da ed.Ciencias Sociales, O.C. tomo 8, p.275-277.

[7] Martí, J. (1883). “Abono.– La sangre es buen abono”. La América, Nueva York, agosto de 1883, La Habana: 1975, 2da ed.Ciencias Sociales, O.C. tomo 8, p. 298

[8] Martí, J. (1883). “Abono.– La sangre es buen abono”. La América, Nueva York, agosto de 1883, La Habana: 1975, 2da ed.Ciencias Sociales, O.C. tomo 8, p. 298

[9] Martí, J. (1875). México. Revista Universal, 14 de agosto de 1875,La Habana: 1975, 2da ed.Ciencias Sociales, O.C. tomo 8, p. 310

[10] Martí, J. (1875). México. Revista Universal, 14 de agosto de 1875,La Habana: 1975, 2da ed.Ciencias Sociales, O.C. tomo 8, p. 310-311

[11] Martí, J. (1884). Escuela de Artes y Oficios de Honduras. Necesidad de escuelas y estaciones agrícolas y de maestros ambulantes. La América, Nueva York, junio de 1884, La Habana: 1975, 2da ed.Ciencias Sociales, O.C. tomo 8, p.15

[12] La Sagra, R. Cuba 1860. La Habana Comisión Nacional de UNESCO. Ed. Nacional de Cuba s/f p.64

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