Curiosidades poéticas

Por: Oscar L. Parrado Alvarez, Dr. C. Agrícolas, Profesor Titular, Departamento de Educación Agropecuaria, “Catedra Agroecológica Julián Acuña Galé”, Universidad de Camagüey “Ignacio Agramonte Loynaz” , oscar.parrado@reduc.edu.cu

Del puño y letra de Francisco Pobeda, brotó este poema, en el que aparecen un poco más de un centenar de especies vegetales. No en balde su autor fue sabanero, peón de ganado, actor dramático, capitán de partido pedáneo, maestro primario y empleado de ingenios y cafetales   . Dejamos al lector cuantificar las especies en el poema…


Contestación a la invitación de la amable señorita I. M. De C.
Francisco Pobeda (La Habana 1796- Sagua La Grande 1881)
Niña, si forzoso es
cumplir con tal gratitud,
jamás ni en mi senectud
dejaré de ser cortés:
sentada esta razón, pues,
a vuestra discreción dejo
si estuve en versar perplejo,
porque si se reflexiona,
siempre una niña perdona
las extrañezas de un viejo.
Hay treinta años que canté
por primera vez a Cuba:
escudado de esta duda
antes blasoné:
¿cuál resultado fue?
como extraño me trataron,
y aquellos que me plagiaron
después me desconocieron,
y si mis cantares vieron,
ingratos los despreciaron.
Ya vez si tengo razón
pero voy a complaceros
y en este concepto a haceros
las más amplia descripción.
bien puede la emulación
o la critica severa
mostrar su enojo, altanera:
yo la espero sin temor;
como la silvestre flor
que ningún favor espera.
Los vates del Almendrar
más sabios, más elocuentes,
en conceptos diferentes
tienen el primer lugar;
pero si quieren pintar
de Cuba el hermoso llano
todo su querer es vano,
no lo pueden conseguir
y tienen que recurrir
luego al trovador cubano.
Pues desde las oficinas
los estudios y bufetes
hacen hermosos sainetes
de las cosas campesinas:
de las comarcas vecinas
sacan el cubano ornato,
comprado de barato
con estúpida ignorancia,
los quehaceres de una estancia
con los trabajos de un hato.
Ponen una pica en Flandes
como el capitán más bravo,
describiendo a Manantuabo
viendo solo a puentes-grandes
pero basta que me mandes
niña, para que se reúna
sin que haya excepción alguna
cuanto árbol mi Cuba encierra
tanto en la escarpada sierra
como en la baja Laguna.
Pido con antelación
que disimules mis yerros,
si me ves por esos cerros
haciendo la descripción:
complacerte es mi intención
y de tu bondad espero
escuches a este coplero,
que solo por agradarte
intenta esta vez mostrarte,
que es vate y es sabanero.
En estilo provincial
cantar a mi Cuba quiero,
al son del tiple veguero
y en el centro del purial:
todo en Cuba es general,
grande, sublime, armonioso,
un cielo claro y hermoso,
sus noches frescas y bellas,
un sin número de estrellas
y un sol esplendoroso.
La dotó naturaleza
de tan valiente terreno,
cual no hay otro mas ameno
ni que le exceda en riqueza:
aquí nacen con presteza
el piñipiñi y el abey,
el espino y el yamaquey,
la chirimoya , y el anón,
el serení, el marañón,
el cubanicú y el yarey.
en las cumbres en los llanos
tenemos, hasta en la arena,
caimitos de Cartagena,
mameyes dominicanos:
crecen por doquier lozanos
los mangos y las castañas,
y cuanta fruta extrañas
se quieren aclimatar
pues todo nace a la par
en las cubanas montañas.
Aquí descuella el jiquí
lo mismo que el sabicú
y vemos el manajú
al lado del jaimiquí:
el yaicuaje, y el yaití
cabe la levisa está
y no lejos del guamá
el pintado granadillo
junto al nubloso jubá.
El cocuyo majestuoso,
el moruro y la bayúa,
el aguacate, la ayúa
cabe del jaguey lechoso:
si es el júcaro alteroso
a la vijáguara imita,
la venenosa aguedita,
el tivisí y el ramón,
el sapotillo y mamón
y la yagruma maldita.
Se eleva el roble amarillo
de la sierra en la espesura
pero cede en hermosura
al corpulento anoncillo:
cedros de caracolillos
naranjos, limas, bagá,
limón francés, camagua,
el hueso, carne de doncella,
álamo, sauce, grosella,
todo en nuestra Cuba está.
la jocuma y el cuajaní,
la caoba, chicharrón,
la palma real, el piñón,
el marrullero y hubí:
vemos siempre verde aquí
a la predilecta yaya,
también a la sigüaraya,
a la vigueta y al jobo,
y al gigantesco algarrobo
cubierto de pitajaya.
El copudo guayacán,
el güin y la caña brava,
el zapotillo, la yaba
el carey el árbol del pan:
el guao que causa afán
con su sombra venenosa,
la jía siempre espinosa
la vera y el roble güayo,
la guásima y el papayo
y la ceiba portentosa.
La espuela del caballero
en medio del guajamal:
también el ébano real,
y el ébano carbonero:
el erguido cocotero,
el raspa lengua y el corojo
cabe en el peralejo rojo
orillas de la sabana,
donde vegetan la cana,
el alambrillo y abrojo.
El delgado yuraguano
crece junto de la jata
y brillan como la plata
sus pencas en el verano:
la cuaba que es el nombre ufano
reduce á luz en un viaje,
el fustete y el guairaje,
el endurecido ocuje
que cuando el huracán ruge
no padece su ramaje.
La manaca duradera,
el cubano platanillo,
el lechoso caimitillo,
el mije, el corcho, la cera:
pero cuándo concluyera
de hacer esta explicación
cuando de mi cuba son
como indígenas tenidos
cuantos árboles nacidos
contiene la creación.
La baría, el manzanillo,
cúrbana, güira, majagua,
mangles, limonero, jagüa
palo de caja, daguilla:
yana de costa, yanilla,
el oloroso nabaco,
el tamarindo, el hicaco,
la guanábana sabrosa,
el copey, la pomarrosa,
yayajabito y tabaco.
Cuba, sin dudarlo es
la tierra de la promisión
que en su peregrinación
pronosticara moisés:
cuanto admiras, cuanto ves
nace su cielo fecundo,
y bien en decir me fundo
que en esta dichosa tierra
todo lo mejor encierra
de cuanto contiene el mundo

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